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Enfoques para abordar las protestas del 11J en Cuba

Por: Julio César Guanche. Jurista, historiador y ensayista cubano. Doctor en Ciencias Sociales, con mención en Historia en FLACSO, sede Ecuador. Actualmente es profesor de dicha universidad. 

Foto de archivo. Detención violenta de Leonardo Romero Negrín el 11J en el Parque de la Fraternidad

*El presente texto fue publicado en el libro “Cuba 11J: Perspectivas contrahegemónicas de las protestas sociales” coordinado por Alexander Hall Lujardo. 

Tres narrativas maestras:*

–  La narrativa estadounidense acompañada por derechas latinoamericanas y cubanas, que solo invocan la «dictadura cubana» como única causa de las protestas.

–  Defensa cerrada del proceso cubano, que invoca solo la existencia del bloqueo (uso aquí el término «bloqueo», antes que «embargo», porque es el empleado por la ONU en las declaraciones que acoge sobre el tema).

–  Enfoques multidimensionales, que reconocen la coordinación externa en la agresión, a la vez que dan cuenta, con diversos grados en su crítica, de la situación cubana.

El segundo enfoque reclama el monopolio del enfoque de izquierdas sobre las protestas, y deja poco o ningún espacio a la crítica de la situación nacional.

Ese discurso recuerda un enfoque sobre el colonialismo, para el cual la sociedad nacional apenas existe, ni existen sus contradicciones, sus actores, sus privilegios, sus relaciones de poder. Tal mirada reedita, de alguna manera, el ángulo colonia-metrópoli, ahora como imperialismo estadounidense vs. revolución cubana.

En la historia de América Latina, ese tipo de visiones positivistas sobre el proceso de la primera independencia evitaron mostrar a las elites ganadoras internas de la independencia, a la vez que invisibilizaron el papel de los afroamericanos en la independencia, como sucedió con la historiografía liberal colombiana.

Ese enfoque se reclama marxista, pero renuncia a claves del marxismo a la hora de analizar Cuba: si antes criticó el enfoque de guerra fría de una zona de las ciencias sociales estadounidenses, que con razón podía calificarse de «castrocentristas» (solo existía Fidel Castro, la sociedad cubana era un ente silente y subordinado por completo al liderazgo), ahora hace algo muy similar con el «bloqueocentrismo»: todos los conflictos cubanos se explican, empiezan y terminan por el bloqueo y la agresión estadounidense.

Un ejemplo de la necesidad de enfoques comprehensivos y multidimensionales

The Grayzone,1 un medio independiente de Estados Unidos, propuso un marco de interpretación para entender el fenómeno de la recepción de la canción «Patria y Vida»: el concepto de «imperialismo interseccional»,2 que supone el uso de políticas de identidad con fines imperialistas, en lo cual identifica a la OTAN jugando un papel destacado. (Este concepto parece tener relación con el de «Neoliberalismo progresista»,3 de Nancy Fraser).

En ese texto se puede encontrar lo siguiente: en 2009, la Usaid inició un programa para provocar un movimiento juvenil contra el gobierno cubano cultivando y promoviendo a artistas locales de hip-hop, de la que fue parte una plataforma de redes sociales tipo Twitter (ZunZuneo) que lanzaba miles de mensajes automatizados promoviendo a raperos cubanos entre la juventud cubana, sin que en ese caso (el dúo Los Aldeanos) estuvieran al tanto.

El senador Patrick Leahy, añade ese texto, se quejó de que «la Usaid nunca le informó al Congreso sobre esto y nunca debió estar asociado a algo tan incompetente e imprudente».4 Barack Obama presentó su plan para normalizar las relaciones con el gobierno cubano, insistiendo en que Cuba expandiera su acceso a Internet.

Sin embargo, ese texto no menciona que hay más datos en esa historia.

En 2012, en el cine Acapulco de La Habana se hizo un concierto, según recoge hasta hoy el sitio Cubasí, con «los más heréticos representantes del hip hop cubano, Raudel de Escuadrón Patriota, Al2, Soandry Hermanos de Causa, Silvito el Libre, Maykel Xtremo, Barbarito El Urbano Vargas y Carlitos Mucha Rima».5

El concierto tuvo lugar en el marco de la XI Bienal de La Habana, como parte de un performance del artista plástico Michel Mirabal. Los raperos mencionados versionaron la canción «Créeme», de Vicente Feliú, un ícono de la canción protesta revolucionaria.

Feliú dijo entonces sobre ese concierto: «Y este concierto crítico, incómodo, audaz y público, apoyado por las instituciones del Estado, era lo menos que querían quienes están siempre deseosos de encontrar una hendija en las murallas de la cultura cubana, entre cuyos defensores, verbo en alto cual espada reluciente, están los chicos del hip hop que lideraron este concierto, junto a las banderas de la Patria de Michel [Mirabal]».6

O sea, según Feliú, la forma de no permitir instrumentalizaciones espurias a esa expresión cultural crítica era darles espacio público.

En ese mismo concierto, Juan Formell, ícono a su vez de la música popular cubana, dijo: «…creo en todo esto, pero voy a creer de verdad cuando a estos muchachos los pongan por la radio y la televisión».7

Malena D’Alessio, una estudiosa del movimiento cubano del rap, ha dicho: «Un fenómeno cultural lógicamente crítico, que en sus inicios planteaba “La revolución dentro de la revolución” como un aporte necesario e irrefutable a cualquier proceso colectivo vital, terminó siendo rechazado y asfixiado por la propia casta política conservadora (cubana). Y con esto no solo lograron poner al rap en la vereda de enfrente, sino que, desde mi humilde opinión, empujaron a cientos de pibes y pibas talentosos a una marginalidad interna que los dejó expuestos a la manipulación y financiación del norte, que no tardó mucho en hacerse presente y tomar lo que se les dejó servido en bandeja».8

Tomo el hecho solo como ejemplo de la necesidad de enfoques multidimensionales sobre el escenario cubano, que reconozcan tanto la actuación injerencista de Estados Unidos, como las propias dinámicas internas cubanas, en este caso de censura en torno a lo que era uno de los movimientos críticos más auténticos de la sociedad cubana, a la vez que portadores de un discurso antirracista legítimo.

«Esta es la rumba que tienen prohibida», decía en ese concierto un muy joven Bárbaro El Urbano Vargas, cuyas posiciones actuales sobre Cuba han cambiado desde entonces.

Luego, los enfoques unilaterales, centrados solo en el bloqueo, proponen una comprensión estructural del conflicto en el que la agencia de los actores cubanos ―sea el Estado o la sociedad civil, o cualquier otro― desaparece.

Elementos claves del marxismo para la crítica de una situación, como condiciones sociales, actores y relaciones de poder, lucha de clases, economía política, no comparecen en los análisis «bloqueocéntricos».

A continuación, me detengo en varios de estos ítems, cuya consideración me parece necesaria para entender la actual circunstancia.

Condiciones sociales

La década 1975-1985 fue la de mejor desempeño socioeconómico en Cuba ―soporte de la URSS mediante―. Sobre esa historia los cubanos estaban parados para perder luego, como promedio, casi veinte libras per cápita en los noventa. Los indicadores con los que Cuba llegó a 1990, sobre pobreza y desigualdad, estaban entre los más bajos en la región.

En 2021 muchas cosas han cambiado. Cuba no cuenta con nada parecido a aquel colchón social ni a aquellas estadísticas sobre desigualdad ni a aquella inserción internacional ni a las condiciones que hicieron posible aquel liderazgo.

La actual es una crisis que cabalga sobre varias crisis previas y paralelas: crisis económica, crisis demográfica, crisis de cuidados, que se combinan con la crisis pandémica, las crisis internacionales ―cada vez con períodos más cortos entre sí― y el agravamiento de la política estadounidense contra Cuba.

Existe también crisis de horizontes ―que se observa claramente en el potencial migratorio―, y crisis de confianza en espacios políticos e institucionales, que se sostienen, en medio de una convivencia difícil, con otros desarrollos institucionales exitosos, como la política pública de producción y distribución de vacunas anticovid.

En los noventa mantener la doble moneda fue crucial para evitar que aquella crisis social fuese aún más explosiva. Con los años, algo más de la mitad de la población llegó a recibir alguna cantidad de CUC. Una parte de ellos provenía de formas de pago y estimulación salarial. Otras, muy importantes, de remesas.

El «Ordenamiento» de 2021 ha eliminado el CUC, pero ha redolarizado zonas muy importantes de la economía. Nadie en Cuba gana hoy de modo oficial divisa convertible. Contra la promesa oficial de mantener «bajo control» la dolarización, disponer hoy de alguna divisa es muy importante para consumos básicos.

El Ordenamiento, en la práctica, significó un gran choque. Sus medidas están siendo tomadas sin intervenir de modo importante sobre el marco de respuestas individuales y familiares a la crisis que se ha impuesto desde los noventa. Descargan sobre las familias emigradas costos de la vida en Cuba ―y ahora más: costos de transacciones financieras impuestas por el bloqueo― y, en el plano interno, «se comen» el aumento salarial decretado por el Ordenamiento.9 Existen problemas generales respecto a:

–  redistribución del ingreso (Cuba se ha situado en la mitad de la tabla en el GINI latinoamericano).

–  estratificación del consumo (el último dato de pobreza tiene veinte años y rondaba el 20 % de pobreza urbana).

–  desigualdades territoriales y locales (La Habana recibe casi 6 de cada 10 pesos invertidos en el país.)

En 2020, el producto interno bruto (PIB) cayó 11,3 %. Sobre ello, las autoridades cubanas han declarado un decrecimiento en el primer semestre de 2021 de 2 %.

Las afectaciones de los rubros de ingresos han sido críticas debido a:

–  Bloqueo, persecución financiera, y de acceso a combustible, sanciones a empresas, prohibición de vuelos a ciudades diferentes a La Habana y el cierre de los servicios consulares de la embajada norteamericana, hasta llegar a un total de 247 medidas contra Cuba tomadas por la administración Trump.

–  La afectación de la pandemia al turismo, remesas (la crisis es también para los familiares emisores de remesas) y servicios profesionales.

El turismo disminuyó sus ingresos en $3,2 mil millones. Según William LeoGrande: «Justo antes de dejar el cargo, Donald Trump hizo casi imposible a los cubanoamericanos enviar remesas, lo cual representó una pérdida de otros $3,5 mil millones anuales a la Isla y un golpe para más de la mitad de las familias cubanas».10

Cuba importa 70 % de sus alimentos, 69 % de su petróleo y la mayor parte de sus suministros médicos. En 2020 se produjo una caída de casi 40 % de las importaciones.

No es solo el bloqueo. Hay responsabilidad del gobierno cubano en esos indicadores:

–  Incremento de la vulnerabilidad externa de la economía, obstáculos para la producción nacional, centralización de decisiones económicas, incapacidad de estimular el desarrollo productivo y frenos impuestos al emprendimiento y a las cooperativas.

–  Decisiones económicas que no se corresponden con la estructura de necesidades del país. Ejemplo: «Entre enero y marzo de 2021, en medio de la pandemia y con hoteles prácticamente vacíos, el 50,3 % de las inversiones se hicieron en el sector inmobiliario, mientras que en innovación tecnológica se invirtió el 0,6 %, en la agricultura el 2,6 % y en la industria el 9,5 %».11

–  Haber implementado la Tarea Ordenamiento en medio de la pandemia, y no antes.

–  El Ordenamiento tiene además problemas de secuencia. Omar Everleny ha asegurado: «Se avanzó más en la esfera financiera antes que la productiva, se debió aprobar la pequeña y mediana empresa privada al unísono que las 15 disposiciones que se aplicaron a la empresa estatal» (junto al desarrollo cooperativo en el sector productivo).12

Algunos datos de la situación social cubana

Al menos 221 425 personas mayores viven solas en Cuba, y son mayoritariamente mujeres. El 82,3 % de esos adultos mayores cuenta con ingresos que son consecuencia del trabajo o la jubilación, pero no tienen otra fuente de ingreso. De los hogares cubanos, los que forman parejas sin hijos han crecido hasta 23,7 %.

En materia de vivienda, según Cubadebate, el fondo habitacional de Cuba asciende a 3 824 861 viviendas (dato de 2012). De ese total, el 39 % están en regular y mal estado técnico. En el fondo precario existen 9 823 cuarterías y ciudadelas. Hay 854 edificios críticos, 696 de ellos en La Habana, con 6960 apartamentos. El total estimado de personas viviendo bajo esa condición es de 849 753 personas. (Estas cifras se relacionan con los barrios empobrecidos, epicentro de las protestas del 11J).13

Los datos, que no son los únicos, describen consecuencias del proceso de reajuste iniciado tras los años noventa. Sobre todo, han mostrado la ruptura del pacto contra la pobreza y la desigualdad, que es un núcleo duro del consenso de 1959.

Me detengo ahora en el aspecto de la cuestión racial, porque me parece otra variable clave en las protestas y en el escenario más general presente en Cuba.

Color de la piel y estructura social

Sobre 2010, diversas investigaciones encontraron que la población negra y mestiza tenía las peores casas, recibía menos remesas, dependía más de su esfuerzo personal y de recursos escasos para ganar ingresos complementarios, tenía menos acceso a sectores emergentes. En el turismo era ubicada mayormente en puestos de trabajo «de puertas adentro», no vinculados directamente al cliente.14

Teniendo en cuenta la proporción de negros y mestizos en la población total, esos grupos tenían menor presencia en el sector turístico y las corporaciones; constituían una gran minoría del sector agrícola privado (2 %), y del cooperativo (5 %); estaban en desventaja para recibir remesas y estaban subrepresentados como dirigentes de empresas estatales.15

Una década después, pero aun antes de las protestas, otras investigaciones arrojan conclusiones similares. Actualmente, grupos de negros y mestizos experimentan desigualdad de ingresos en divisas, poseen menos cuentas y montos de ahorro en bancos, viajan menos, tienen menor acceso a Internet, a remesas y a alguna otra ciudadanía ―con sus ventajas para viajar―, y son muy escasos los que poseen negocios privados entre los más lucrativos.

No existe información sobre el perfil de la población carcelaria, pero parece ser mayoría entre negros y mestizos, y existen evidencias de criterios policiales de identificación de posibles infractores de la ley que suponen criterios raciales.

El Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD),16 de la ONU, ha mostrado preocupación sobre casos de maltrato policial hacia personas negras y mestizas y frente a activistas antirracistas.

Ahora, respecto a las protestas, zonas del discurso oficial han recuperado términos que las ciencias sociales latinoamericanas habían sometido a profunda crítica. Rafael Rojas ha mostrado cómo el uso de frases como «vándalos, delincuentes, vulgares e indecentes» configura un «lenguaje clasista y racista» que ha visto «rearticularse en derechas latinoamericanas, especialmente en Brasil, Chile y Colombia».17

Este hecho ha sido muy visible en el caso de ataques racistas, oficiosos, a la cantante Daymé Arocena,18 por interpretar una canción en apoyo a las protestas. Sin embargo, el disco Cubafonía, de Arocena, es de 2017. Desde entonces la cantante decía: «…nadie (es) más feliz que yo de mi negritud, de mis etnias y de todo lo que viene conmigo».19 Son identidades autoasumidas que forman parte de discursos antirracistas valiosos en la Cuba actual.

Actores, relaciones de poder y campo político cubano

En el campo político cubano hay pluralidad en todos los «puntos cardinales».

Las derechas

Jesús Arboleya: «El núcleo duro de la contrarrevolución se asentó en el exterior, especialmente en Miami. Han vivido de una hostilidad alentada, protegida y bien remunerada por el gobierno norteamericano. Tienen seguidores dentro del país, por lo general alentados y dependientes del dinero que reciben desde el exterior. Apelan por lo general a la violencia y reciben trato sobredimensionado de la prensa internacional».20

Fenómenos mediáticos actuales, como el tema de los influencers, destacadamente Alex Otaola, han mostrado algo que sorprendió a muchos: cuando la retórica extremista del viejo exilio cubano parecía derrotada demográfica, social y políticamente, ha sido reelaborada en una versión de extremismo «2.0».

Este enfoque, también promovido por el presupuesto federal estadounidense, alienta el «insurreccionalismo tóxico», y parece estar convencido de que en Cuba todo el mundo, menos el Gobierno y sus acólitos, está contra el Estado cubano.

Ese enfoque deja de ver demasiadas cosas. Juan Orlando Pérez ha mostrado algunas de ellas: por muy duras que sean las críticas al gobierno cubano, a mucha gente en Cuba parece causarle «más repugnancia la idea de que Estados Unidos, o peor, Miami, tome el control de la Isla e imponga una agresiva restauración capitalista». O «el horror que inspira a muchos cubanos la posibilidad de una ola de incontenible violencia que provoque cientos o miles de muertos». O «la pesadilla de una guerra civil o una intervención militar extranjera, que tienen un poderoso efecto paralizante». O la falta de alternativa al Gobierno actual.21

Pérez concluye que «La gente que no se echó a las calles quiere lo mismo que los que sí lo hicieron, que no es demasiado: comida, medicinas, electricidad, escuelas y hospitales decentes, una casa que no se caiga con un golpe de viento, libertad para vivir y pensar».22

Aquí hay una conclusión a tomar, que sigo en mi caso por este camino: quién mejora la oferta del Gobierno presente y quién decididamente la empeora. Esa derecha radical cree que por definición la mejora, pero se sorprendería mucho de saber cuántos en Cuba no creen en lo más mínimo en esa posibilidad, y la rechazan de cuajo.

Otro sector opositor (siguiendo el mapa propuesto por Arboleya): oposición pacífica, que muestra disposición al diálogo con el Gobierno y la sociedad civil cubana. En algunos casos, añado yo, sectores de esa oposición son tomados dentro de Estados Unidos por liberales en la acepción estadounidense de «liberal». Es una prueba de la diversidad existente al interior de ese sector.

También existe dentro de Cuba esa oposición pacífica con disposición al diálogo. A falta de más datos, dentro del país podría estar cerca del 9 % del electorado, unas 700 000 personas, que votó por el No a la Constitución, pero es difícil definirlo con exactitud, porque es probable que hubiese varias razones en el No, como también en el Sí a la Constitución.

Existe una sociedad civil densificada con agendas horizontales, que es difícil capturar entre parcelaciones de izquierda vs. derecha, por ejemplo, respecto al género y la raza. No significa que no existan opciones de izquierda o derecha respecto a esos temas, sino que atraviesan agendas y pueden producir ciertas confluencias.

Parte de esa complejidad es un debate de los últimos años en torno a la «oposición leal». Arturo López Levy23 y Rafael Hernández,24 a su respectiva manera, han integrado en ellas sectores patrióticos, y en algunos casos socialistas, en el cual hay varias izquierdas.

Por su presencia en el campo político es relevante el tema de las iglesias y organizaciones fraternales. Entre ellos, es destacable el ascenso de movimientos evangélicos de perfil neoconservador, que no siempre se identifican como derechas porque se concentran en temas específicos, como el matrimonio igualitario, sin hacer propaganda «política» expresa.

Las izquierdas

También es diverso: hay posmarxistas, marxistas críticos y republicanos democráticos, ecosocialistas, antirracistas, anarquistas, trotskistas, feministas, disidentes sexuales, decoloniales, socialdemócratas.

Todo ello compone un mapa bien diversificado, aunque muy poco organizado, y mucho menos aún articulado entre sí, que enfrenta serios problemas de representación política. En conjunto acaso podrían coincidir en la necesidad de «reinvención del proyecto revolucionario en términos de socialismo democrático».

Toda esta diversidad convive con varios factores:

No existe articulación gubernamental con ese campo general de las izquierdas. Más bien existe rechazo, estigmatización y exclusión de la mayoría de ellas, y en algunos casos persecución (por ejemplo, expulsión de puestos de trabajo de profesores universitarios que son socialistas críticos).

La palabra «comunismo» se pretendió eliminar del anteproyecto constitucional como horizonte del Estado cubano, por parte de la comisión oficial que preparó ese documento.

Dentro del debate público, parece ser este uno de los momentos más bajos de la reflexión teórica marxista en Cuba desde 1959, y de la circulación de publicaciones marxistas contemporáneas y actualizadas dentro del país.

Tampoco el Gobierno es un todo uniforme:

No hay expresión pública de diferencias, pero la lentitud y contradicciones de las reformas parecen tener entre sus explicaciones la disputa entre lo que serían corrientes o facciones (Atilio Borón25 y Silvio Rodríguez26 han mencionado recientemente preocupaciones sobre esa «lentitud»).

En el actual ambiente político hay actores autointeresados en cerrar herméticamente la crítica frente a todo desempeño oficial. Con ello, hablan exclusivamente consigo mismos y suman problemas políticos a la crisis, como el acceso a derechos de participación y a la intervención en la deliberación pública.

Por ese camino, se desentienden de cómo su propio discurso es causa también de la emergencia de discursos anticomunistas. Han «programado» un algoritmo de la exclusión que impide la formación de consensos, obstaculiza respuestas colectivas y mina la confianza social en la concertación de esfuerzos propios y en la capacidad de instituciones para dar respuestas públicas a problemas colectivos.

El PCC, la ANPP y el nuevo gobierno

El PCC es actor clave, el superactor del sistema político cubano, que dirige el Estado y la sociedad cubanos. Es único, sin tendencias ni corrientes internas.

Desde 1992 prometió ser el partido «de la nación», para ser más representativo de la diversidad nacional. Esas promesas fueron cumplidas parcialmente, por ejemplo, dando entrada a creyentes religiosos al Partido, pero fue incumplida respecto a la diversidad política.

Un dato, a modo de ejemplo: en 2018, la militancia del Partido Comunista de Cuba y de la Unión de Jóvenes Comunistas rondaba el 14 % del padrón electoral, pero la presencia de militantes en la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) alcanzaba 95 %.

Apenas hay discusión teórica sobre los problemas clásicos de la «forma partido» ―y cómo se especifican esos problemas con la existencia de un partido único―. Tampoco hay autocrítica sobre los problemas del «partido de vanguardia» y sus tendencias históricas a absorber, por ejemplo, el poder de sus bases.

Un dato, entre otros, como ejemplo: en 2016 el Comité Central del Partido Comunista estaba compuesto en un 72 %, en todas sus escalas territoriales, por funcionarios. En contraste, había 12 % de militantes con vinculación directa a la producción y los servicios y 12 % del ámbito empresarial, mayormente estatal.

Repertorios oficiales actuales de respuesta política acuden a prácticas de los años ochenta, como los mítines de repudio, que muchos creían superadas. Hace años, el PCC presenta problemas para rejuvenecer su membresía y «actualizar sus estilos de trabajo», como repiten sus documentos oficiales.

En ello, el PCC no ha cumplido con el desafío que le fue señalado como misión principal: ser el «heredero» del liderazgo histórico revolucionario y habilitar el tránsito de un liderazgo con amplia base carismática hacia un liderazgo específicamente institucional.

La ANPP, otro actor clave en el diseño del sistema político, ha presentado antiguos y recurrentes problemas de unanimidad que mostraron diferencias solo en ocasión del debate del anteproyecto constitucional (2018).

La Asamblea sesiona de modo ordinario cuatro días al año y legisló a lo largo de cinco décadas tres veces menos que su propio Consejo de Estado. Ni la Asamblea Nacional ni el sistema del Poder Popular han sido reformados en profundidad desde 1992, no obstante muchas críticas, incluso oficiales, a ese sistema.

La Constitución de 2019 quiso darle más relevancia a la ANPP, pero en las protestas ha sido virtualmente invisible, si se considera que es constitucionalmente «el máximo órgano de poder estatal».

El Gobierno encabezado por Miguel Díaz-Canel tiene a su vez campos a favor. Rafael Hernández los resume así:

–  Ha transformado «la propia idea del socialismo, que ahora incorpora concepciones diferentes a las defendidas durante medio siglo, así como políticas inéditas».

–  Ha propuesto reformas sin precedentes desde 1960, empezando por una nueva Constitución, que admite una economía mixta, con mercados

y sector privado, y que les otorga una autonomía inédita a los poderes locales.

–  Su nuevo estilo, aprendido dirigiendo provincias, enfatiza la interacción entre el nivel central y local, y pone a ministros menores de 60 años a explicar problemas y responder preguntas en la televisión.

–  No ha habido antes un momento como este en términos de libertad para criticar al Gobierno en las redes sociales, pero tampoco en los medios públicos, ni para acceder a información de fuentes muy diversas, incluidas las de la oposición; tampoco una mayor libertad para entrar y salir del país.27

Una conclusión fuerte de todo lo antes dicho sobre este campo de actores podría ser: se ha hecho patente el error de promover una reforma económica que no se pronunciase a la par por la reforma política. En términos clásicos del marxismo soviético, se trataría de un error de «economicismo» que el PCC podría reconocer.

Se presenta aquí un núcleo duro del problema cubano: el aumento y la densificación de la diversidad social y política y los muy serios problemas existentes para representarla.

Composición estructural de sectores y por clases sociales

Un sector social clave es la juventud.

Para 2050, los mayores de 60 años serán el 34,9 % de la población cubana, lo que colocaría a la Isla como el país más envejecido de Latinoamérica (debido al cruce de indicadores de fecundidad, mortalidad y migraciones).

Mauricio Vicent: «Uno de cada tres cubanos nació después de la desaparición del campo socialista. La población cubana es de 11 millones de personas. Más del 35 % son jóvenes. Hay más de un millón de graduados universitarios. La matrícula en los cursos de enseñanza superior alcanza las 250 000 personas».28

En relación con ello, se encuentra la conectividad a Internet (4,4 millones de cubanos tienen acceso), pero ese crecimiento ha ocurrido sin que, como dice el sociólogo español Emilio Santiago, «el sistema político haya sabido-querido incorporar y atender a esta creciente complejidad política nacida de su base poblacional más joven».29

El apagón digital en los días siguientes a la protesta es cualquier cosa menos parte del camino de las soluciones. Más bien se suma a ejemplos de «autoritarismo digital» que se esparcen a lo largo del globo.

Sobre las clases sociales en Cuba 

Para Juan Valdés Paz existe:

–  Una estructura socioclasista modificada por el ascenso de un sector campesino en la sociedad rural y de una burguesía mercantil en la urbana; una estructura ocupacional que incluye un creciente sector cuentapropista; una estructura del estatus social modificada en favor de

la autoridad, propiedad y del ingreso; un patrón de desigualdad que se ha duplicado y cuyo término inferior de la desigualdad incluye más pobres y marginados; etc.

–  Presencia de capas medias conformadas por dirigentes, profesionales, oficiales, técnicos, empresarios, intelectuales.30

Dentro de todo ello, el precariado «es el hecho sociológico central de la Cuba post-soviética» (Emilio Santiago).31 Este se expresa en lo que en Cuba llamamos «la lucha», que no es la lucha política, sino una referencia al complejo de actividades que realiza una inmensa masa de personas sin salario, que «inventa» y «lucha», o que tiene salario, pero que no le alcanza y debe conseguir ingresos extrasalariales para el día a día.

Esa «lucha», en lugar de tomarse como un dato antropológico de estrategias de sobrevivencia, es objeto más bien de programas de «lucha contra el delito».

En los barrios empobrecidos esa lucha contra el delito supone ir contra estrategias de sobrevivencia, que a la vez estigmatizan como delincuentes a una zona de actores de pequeña escala que, con otra conceptualización, serían trabajadores precarios. No sería raro encontrar aquí una de las causas probables del odio político expresado el 11J contra símbolos policiales, como las patrullas.

Existe un mercado negro y una economía sumergida gigantescos. Esa economía sumergida ha llegado a tener un tamaño similar al de la economía formal. Ambas se cruzan a través de variables como el robo y la corrupción, pero también presenta dimensiones de clase que distinguen entre el robo cotidiano de sobrevivencia y las dimensiones estructurales, de medio y alto nivel, de la corrupción en estratos funcionariales. Esta última fue denunciada por Fidel Castro en un importante discurso de 2005, al referir los factores internos que podían causar la derrota de la Revolución.32

Esa corrupción ha sido tratada por algunos sociólogos como soporte de un tipo de estabilidad del sistema cubano, en cuanto supone el inmovilismo de los autointeresados en que nada cambie, para seguir adelante con ese proceso de corrupción.

La burocracia existe como actor y tiene mucho poder. Para Alina Bárbara López Hernández, se ha convertido en una «clase para sí» y «obstaculiza cambios y reformas que, aunque acepta en el discurso, ha ralentizado en la práctica».33

La burocracia, en términos marxistas, no es abundancia de funcionariado, sino ausencia de control social sobre el ejercicio de poder estatal.

Desde esta óptica, Carlos Alzugaray asegura que existe «una burocracia (con) la vieja mentalidad estrecha del socialismo como un modelo estatista», con «concepciones que definen el socialismo en términos autoritarios», y que abusa «del argumento del bloqueo sin enfocarse autocríticamente en los propios (lo que) conduce a una pérdida aún mayor de credibilidad».34

Dentro de ella, existe una burocracia militar empresarial, de comportamiento opaco.

Según Iván de la Nuez, «la nueva generación alucina cada día en Instagram con el pacto entre el nuevo dinero y la vieja nomenklatura que ha dado lugar a la recomposición iconográfica de nuestra oligarquía tropical». Con ello, se refiere a la visibilidad que han alcanzado los privilegios y la corrupción de zonas de esa burocracia y nomenklatura.35

Resumiendo, existen clases en Cuba. Faltaba más. Sin embargo, se renuncia con demasiada frecuencia a un enfoque clásico del marxismo: «no hay clases sin lucha de clases». Las protestas, y todo el campo sociopolítico cubano actual, debería leerse también desde esta clave. Esto, a su vez, nos lleva a la economía política del poder en Cuba.

La economía política del poder en Cuba

La economía política de la democracia en el socialismo es la conexión entre poder y propiedad distribuida y controlada ―«socializada», como decían los clásicos―, y una noción de crecimiento económico que sea coetáneo con la lucha contra la pobreza (contra las teorías del «goteo»).

La cuestión es que los grupos tienen intereses. La pobreza y la desigualdad no son «accidentes sociales» o errores de implementación, responden a correlaciones de fuerza.

Pedro Monreal: «La dinámica de inversiones en servicios empresariales e inmobiliarios fue de 21,8 % y 2,2 % en salud en 2014, pero las últimas cifras indican que ahora es de hasta 50,3 % y 0,3 % respectivamente en 2021». Esa dinámica, concluye Monreal, «habría sido poco probable si los pobres hubieran tenido poder real en las decisiones económicas».36

La cuestión lleva otra vez a la onda larga de los ajustes pos 1990 hasta hoy, sus actores y sus ganadores, lo que plantea la pregunta sobre si el escenario cubano deba ser pensando más allá del marco de la excepcionalidad (según la cual «Cuba es otra historia», incomparable con otra cualquiera). Esto es, si lo sucedido no sería, como sugiere Iván de la Nuez, «un capítulo nacional [cubano] de las manifestaciones globales recientes, lanzadas contra todos los modelos (también el neoliberalismo, el capitalcomunismo chino, la degradación del sandinismo), en cuya ola cabría insertar la protesta cubana».37

¿Existían advertencias sobre las protestas?

No se puede decir que no ha habido advertencias.

El proceso del Mariel (1980), la Rectificación de Errores (1986), el IV Congreso del Partido (1989-1991), son «advertencias», consideradas en una onda larga.

Hace poco más de diez años, Fidel Castro decía sobre prácticas del socialismo cubano: «Esto no nos sirve ni a nosotros…». «Cambiamos o nos hundimos», decía por su parte Raúl Castro. La demora en esos cambios, y la insuficiencia de la escala de los que se llevaron a cabo, no estuvieron ni de cerca a la altura de ninguna de esas dos frases.

Hay otras advertencias recientes:

–  Problemas de ilegalidad y criminalización de las diferencias, incluso contra la propia nueva Constitución, que buscaba ampliar derechos y garantías.

–  27 de noviembre de 2020: sentada pacífica en busca de diálogo, mal atendida luego.

–  Rechazo de varios sectores sociales a una fuerte campaña de penalización de la crítica a través del periodismo, con muy cuestionables formas legales, con atribución de toda protesta a orquestaciones desde el exterior.

–  Creciente conciencia del derecho y mayor activismo legal dentro del país. Dentro de ello, conciencia de que la protesta pública pacífica es lícita y debe ser protegida por la ley.

Por todo esto, unida la situación social antes descrita, una conclusión plausible sería la de Rafael Hernández: «Habría que preguntarse más bien por qué [las protestas del 11J] no han ocurrido antes».

Otro actor clave en Cuba: la migración

Existen razones sociológicas dentro de Estados Unidos que explican la radicalización y reconversión de discurso de la diáspora en renovados discursos extremistas. O sea, atribuir esa radicalización a los males del gobierno cubano es falaz. Es como decir que la base social de Trump se debe al «comunismo cubano» o «latinoamericano».

Es obvio que si existiesen mejores políticas en Cuba podrían contribuir a intervenir sobre la zona trumpista, darle «menos razones», pero existe un núcleo duro que solo quiere la derrota total de todo lo que ha significado Cuba desde 1959, con independencia de lo bien o mal que lo haga el gobierno cubano. De hecho, lo que hizo Trump fue reconocer que las reformas cubanas acaso eran viables, cuando se encargó de bombardearlas hasta los mínimos detalles. Pero toda la emigración cubana no es base social del trumpismo. Desde 1959 emigraron más de 1 500 000 cubanos. Las proyecciones apuntan a movimientos de ese tipo anuales de entre 40 000 y 44 000 personas. Una reciente encuesta implementada por Hill-Harris arrojó,38 entre otros, los siguientes resultados:

–  El 38 % de los encuestados dijo que Estados Unidos no debería involucrarse.

–  El 32 %, que Estados Unidos debería donar vacunas contra la covid-19 al pueblo cubano.

–  El 24 %, que Estados Unidos debería imponer sanciones al gobierno de Cuba y a los funcionarios del Partido Comunista.

–  El 22 %, que Estados Unidos debería aflojar las restricciones sobre las remesas.

–  El 12 %, que el embargo debería levantarse.

Según William LeoGrande, «la política de hostilidad es un emperador sin ropa».39

La política oficial cubana hacia la emigración ha experimentado avances, pero sigue siendo insuficiente. El texto de la nueva Constitución no menciona la palabra migración, en un país que tiene a los balseros de los noventa y a los que cruzaron no hace mucho la selva del Darién, como marcas de fuego de su memoria nacional.

Estados Unidos: actor crucial del proceso cubano

La política estadounidense de bloqueo, que el año próximo cumplirá sesenta años, «pica y se extiende». Es una trampa justificar cualquier comportamiento ilegítimo del Estado cubano a través del bloqueo, pero relativizarlo es otra trampa. Justificarlo es un crimen.

Según datos oficiales, «el bloqueo le ha costado a Cuba $753 mil millones». Recuérdese que el Plan Marshall invirtió en tres años unos 12 mil millones (considerando el valor del USD de entonces), a principios de los sesenta. El bloqueo contra Cuba ha sido declarado ilegal por la comunidad internacional, que ha exigido su levantamiento incondicional desde 1992.

La industria anticastrista de Miami está en la base de las 247 medidas tomadas por la administración Trump contra Cuba. Lo está también en la recogida de más de 420 mil firmas a favor de una intervención militar sobre Cuba.

Biden llamó a reconocer derechos fundamentales y universales del pueblo cubano y usó, muy incompetentemente, la expresión «Estado fallido» respecto a Cuba. Sin dudas, un «detonante de la mayoría de estas manifestaciones y disturbios fue la campaña de desinformación y promoción del estallido social que se realiza persistentemente en las redes sociales desde fuera de Cuba, con apoyo de financiamientos de Washington», pero esa administración no ha reconocido responsabilidad en el estado de cosas en Cuba.

Bob Menéndez, senador demócrata por Nueva Jersey, dijo que «no habrá intervención militar en Cuba».40 Hay cosas ciertas sobre la posibilidad de esa intervención.

Un estallido social que derroque al gobierno cubano es un objetivo desde Eisenhower en 1959-1961, pero una intervención militar es poco probable, como ha argumentado Carlos Alzugaray:

–  Cuba no es Afganistán. Las 90 millas importan, por la ubicación geopolítica de Cuba para el Caribe.

–  Cuba cuenta con fuerzas armadas eficaces, y con voluntad popular de defensa de la soberanía.

–  Existen reacciones dentro de Estados Unidos a las guerras exteriores, después del desastre militar del Medio Oriente.

–  El apoyo internacional a Cuba.

El proyecto del golpe blando ha sido una realidad en varios procesos alrededor del mundo, pero no se puede cubrir toda la protesta social como si fuese una completa creación de tal empeño. Reconocer la legitimidad de demandas que están hoy en juego es un golpe fuerte contra cualquier pretensión de golpe blando.41

Es un hecho la declinación del imperio norteamericano y que «la transición geopolítica hacia un mundo multipolar, de la cual tanto se ha hablado en los últimos años, ya ha concluido», pero no a favor de Estados Unidos, sino con la creciente presencia de China y luego de Rusia. En este contexto, no es raro que Estados Unidos se vire hacia América Latina como reserva geopolítica estratégica, y que «vaya a por su tradicional patio trasero».

La solidaridad mostrada por los gobiernos de México, Nicaragua y otros países es parte de este asunto, un «aviso» sobre sus relaciones con Cuba y de sostenimiento de posiciones distintas a las de Estados Unidos en la región. Son parte también del contexto las posiciones de la izquierda socialista norteamericana respecto a Cuba. Alexandria Ocasio-Cortez se pronunció por la defensa de derechos de manifestación pacífica en Cuba,42 a la vez que impugnó radicalmente el bloqueo, como hicieron también sectores de izquierda de ese país en una carta en el New York Times contra el bloqueo.43

También es parte de este contexto geopolítico la oferta de Biden de proveer Internet gratis a Cuba, tan improbable como impracticable, pero que podría responder a la situación de que China es el principal suministrador de tecnologías digitales para Cuba y principal destino de las exportaciones de la Isla caribeña.

En América Latina, y también en relación con Cuba, puede jugarse otro capítulo de la guerra «Occidente vs. Oriente» que caracteriza a la «nueva guerra fría».

Digresión 1: el marco jurídico del escenario actual

La Constitución (2019) consagra el Estado socialista de derecho, la supremacía constitucional, el imperio de la ley, refuerza la organización institucional y amplía derechos y garantías. Es un paso importante en relación con las cosas que han pasado y pasarán.

El lenguaje constitucional de 2019 es más amplio que muchos de los decretos que se han aprobado luego. Si bien existe mayor reconocimiento de derechos de participación y de garantías a derechos en la Constitución vigente, se han ido aprobando decretos más restrictivos. Un ejemplo de ello es el decreto ley 370.

Existen muchos problemas para la aplicación directa de la Constitución. Los tratados internacionales de los que Cuba es signataria necesitan ser incorporados por alguna legislación nacional para que surtan efecto en el país. Existe un gran número de remisiones legislativas: cuenta con 229 artículos y unas 111 remisiones a legislaciones secundarias y es un antiguo problema el de las leyes accesorias inexistentes.

Con mucha frecuencia, una vez que se generan demandas jurídicas sobre el derecho aprobado y vigente, aparecen las calificaciones del derecho como «burgués» o como defensa del «liberalismo». No obstante, según el derecho vigente en Cuba, el Estado no tiene obligaciones solo con quienes acaten su orden, sino con la comunidad completa de ciudadanos. La construcción colectiva del orden es un derecho. La defensa de tal orden colectivo es un deber. El orden constitucional es un imperativo para todos.

Un delito muy recurrente en los procesos legales del 11J es el de desacato. Es una figura legal, y existe en varios países. No obstante, ha sido considerado por una amplia y creciente mayoría de sistemas jurídicos como injusto. La tendencia es su despenalización.

La figura del desacato otorga una protección a la autoridad que colisiona con el derecho de igualdad de los ciudadanos. Resulta una protección, o un blindaje, a favor del que debe estar más expuesto al juicio, la evaluación y la crítica públicos: el funcionario estatal. Ese tipo de protecciones obstaculizan el desarrollo de discursos públicos críticos tanto como de derechos personales de expresión, conciencia y participación.

Cuba es uno de los cuatro países que en América Latina aún reconocen el desacato como delito. También existen juicios sumarios en Cuba y en otros países. Sin embargo, como ha argumentado el jurista Harold Bertot, este tipo de proceso conserva elementos del procedimiento inquisitorial penal «cuyo esquema procesal se combatió por el pensamiento humanista, por la ausencia de “contradicción” entre partes y por la inexistencia de sentencia que sea fruto del debate, de puntos de vistas diferentes sobre un material probatorio que se examine y evalúe directamente».44

De acuerdo con autoridades judiciales cubanas, hasta el 5 de agosto fueron juzgadas por su participación en los hechos 62 personas, la mayoría bajo cargos de desorden público, desacato, resistencia, instigación a delinquir y daños. Para hechos de esta naturaleza, el Código Penal contempla penas de tres meses a un año de prisión, multas de hasta 300 cuotas o ambas. Esas fuentes indicaron, además, que solo 22 de los 62 procesados asistieron al juicio oral con abogados, 45 presentaron el recurso de apelación y solo uno quedó absuelto.45

Hasta el momento, no existe un informe oficial sobre el total de detenidos en los sucesos del 11 de julio y días posteriores, que se estima de modo no oficial en cerca de 700 detenidos.

Digresión 2: sobre la URSS y sus huellas en el presente

En los primeros años de los noventa hubo conciencia de la necesidad de leer críticamente la experiencia soviética. Hacia mediados de esa década el discurso sobre la «autenticidad» del modelo cubano, con base en su Revolución sin dudas original, tapó ese discurso crítico. Hasta hoy es una deuda de las ciencias sociales cubanas cuestionar sus legados para Cuba. Estos son dos ejemplos:

La ayuda soviética en términos monetarios casi compensó los costos del bloqueo, pero impuso otros problemas: obstáculos conscientes a la industrialización, deformación del modelo de desarrollo y seguimiento a nociones autoritarias sobre el socialismo.

El uso de términos como «sociedad civil» tuvo un origen muy complicado en los noventa, en los que se presentó como «gato por liebre», esto es, como el enemigo. Sin embargo, varias «teorizaciones» actuales sobre los movimientos antirracistas y por la igualdad de género, que gozan de gran presencia en los medios oficiales, son presentados como enemigos, lo que supone aceptar el marco soviético de interpretación sobre el estatismo.

¿Qué puede hacerse?

Quiero destacar algunas cuestiones que me parecen necesarias, entre muchas otras. Me refiero a cuatro tipos de demandas.

–  Demanda sobre el pueblo, por su definición plural y desde abajo.

Reynaldo Lastre: «Cuando el presidente [Miguel M. Díaz-Canel] dijo «la calle es para los revolucionarios» en televisión nacional, admitía no solo que el espacio público debía ser entendido como parte del monopolio estatal, sino también que el pueblo estaría por primera vez en el otro lado de la barricada».46

Wilder Pérez Varona: «Esa polifonía popular puede y debe ser más que un balbuceo confuso y violento si tiene la posibilidad de organizar su propia voz, de hablar sus propias demandas, en su propio lenguaje. Esa posibilidad no es otra cosa que su derecho a ser y actuar como pueblo. Su derecho como soberano a la no intermediación. A ejercer su indelegable soberanía».47

La tradición revolucionaria cubana tiene un compromiso muy fuerte con la activación política de lo popular. Ello es algo que no concierne única y exclusivamente a la parte del pueblo que se reconozca de modo oficial como «revolucionario».

–  Demandas de vida cotidiana: más pan.

Por economía social y por derechos sociales. Se han tomado ya medidas sobre la aduana, las pymes, las ventas de garaje, el arrendamiento de vehículos usados, el levantamiento de topes de precios y máximos salariales, entre otras.

Hay un programa largamente diseñado que debería ser implementado con más diálogos plurales con economistas y con los implicados y afectados, que ponga en relación el crecimiento económico, los derechos laborales, el poder de los trabajadores, la pobreza y la desigualdad.

–  Demandas de más socialismo (descolonización, cooperación y solidaridad, ecosocialismo y poder popular).

Alexander Hall Lujardo: «La salvación del proyecto revolucionario en su esencia socialista requiere, fundamentalmente, la descolonización de todas las formas de opresión que se articulan desde el poder hacia las clases bajas de la sociedad. Ello, mediante el riguroso tratamiento de las deudas pendientes cuya rehabilitación sería capaz de restituir la dignidad humana de sujetos invisibilizados, a pesar de su importante identificación con un sistema al que

han contribuido con dosis relevantes de protagonismo».48

–  Demanda de ciudadanía: más libertad.

Silvio Rodríguez: «Estoy completamente a favor de dialogar. ¿No dialogamos con la superpotencia que nos maltrata de hecho y de palabra? ¿Por qué sería difícil dialogar con una parte de nosotros mismos? Debemos escuchar todas las voces, y mucho más las propias».49

Es una demanda cuya magnitud no acepta tokenismos.50

Muy concretamente, las protestas del 11J generan la pregunta de quién representa a los protestantes. Sin embargo, en general, ya era una pregunta crucial desde mucho antes de las protestas: quién y cómo representa el espectro de sectores políticos cubanos.

Esto supone la necesidad de reconocer la dimensión política presente en la crisis actual.

Conclusión

Las respuestas colectivas, las articulaciones sociales, la elaboración inclusiva de lo que se considera como pueblo cubano, la defensa de nociones democráticas de la soberanía nacional, la ampliación de los espacios de discusión sobre las alternativas posibles, fueron el sustrato democrático de las soluciones a las crisis históricas cubanas. Gestionar la crisis ampliando derechos, tanto políticos, como sociales, es el camino más firme para las soluciones del futuro.

Notas

1                                            Santiago Pérez y José de Córdoba: «Patria y Vida: The dissident rappers helping drive Cuba’s protests», The Grayzone, 13 de julio de 2021, disponible en www.wsj.com/ articulescuba-protests-dissidents-san-isidro-patria-y-vida-11626198332.

2                                           Alex Rubinstein: «Intersectional Imperialism: A wholesome Menace», 15 de julio de 2021, disponible en https://realalexrubi.substack.com/p/intersectional-imperialisma-wholesome

3                                           Johanna Brenner y Nancy Fraser: «Debate feminista sobre el “neoliberalismo progresista”», en Sin Permiso, el 19 de septiembre de 2017, disponible en https://www.sinpermiso.com.

info/textos/debate-feminista-sobre-el-neoliberalismo-progresista 4 Santiago Pérez y José de Córdoba: ob. cit.

5 «Créeme en la XI Bienal de La Habana», en Cubasí, 24 de julio de 2022, disponible en https://www.cubasi.cu/es/cubasi-noticias-cuba-mundo-ultima-hora/item/6962creeme-en-la-xi-bienal-de-la-habana 6 Ibídem. 7 Ibídem.

8 Malena D’ Alessio: «La Cuba rapera», en Nodal, el 19 de julio de 2021, disponible en

www.nodal.am/2021/07/la-cuba-raperapor-malena-dalessio/

9 Omar Everleny Villanueva: «El escenario económico en Cuba detrás del 11 de julio», IPS Noticias, el 28 de julio de 2021, disponible en https://ipsnoticias.net/2021/07/elescenario-economico-en-cuba-detras-del-11-de-julio/

10William M. LeoGrande: «Las protestas en Cuba son diferentes esta vez», en OnCuba News, el 16 de julio de 2021, disponible https://oncubanews.com/cuba/las-protestasen-cuba-son-diferentes-esta-vez

11  Rosa Muñoz Lima: «Protestas en Cuba: ¿por culpa del bloqueo estadounidense?», en Deutsche Welle, el 14 de agosto de 2021, disponible en https://m.dw.com/es/protestasen-cuba-por-culpa-del-bloqueo-estadounidense/a-58262398 12 Omar Everleny Villanueva: ob. cit.

13   Deny Extremera San Martín: «La vivienda en Cuba, desafío vigente», en Cubadebate, 12 de enero de 2019, disponible en https://www.cubadebate.cu/especiales/2019/01/12/ la-vivienda-en-cuba-desafio-vigente/

14   Pablo Rodríguez Ruiz: Los marginales de las alturas del mirador. Un estudio de caso, Fundación Fernando Ortiz, La Habana, 2011.

15   Esteban Morales: La problemática racial en Cuba. Algunos de sus desafíos, Editorial José Martí, La Habana, 2010, p. 129.

16   ONU: Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD), disponible en

https://www.refworl.org.es/publisher,CERD,,CUB,57F50090D19,,0.html

17   Rafael Rojas: «La vieja doctrina del lumpen proletario. Apuntes de la aldea global», en La Razón, el 17 de julio de 2018, disponible en https://www.razon.com.mx/opinion/ columnas/rafael-rojas-1/vieja-doctrina-lumpen-proletario-443273

18  Rosa Campos Marquetti: «Neo-racismo en Cuba: crónicas del desparpajo», en La Joven Cuba, el 5 de agosto de 2021, disponible en https://jovencuba.com/neo-racismocuba-desparpajo/

19   Julio César Guanche: «Música y democracia ¡agua!», en La Cosa, el 28 de diciembre de 2017, disponible en https://www.jcguanche.wordpress.com/2017/12/28/musica-ydemocracia-agua/

20 Jesús Arboleya Cervera: «Radiografía política para el diálogo posible en Cuba», en Progreso Semanal, el 11 de agosto de 2021, disponible en https://www.progresosemanal. us/20210728/radiografia-politica-para-el-dialogo-posible-en-cuba/

21   Juan Orlando Pérez: «Los que no se echaron a la calle», en El Estornudo, el 20 de julio de 2021, disponible en https://revistaelestornudo.com/cubanos-mo-salieron-ala-calle-protestas-cuba/ 22 Ibídem.

23 Arturo López Levy: «Cuba: apuntes para el debate sobre oposición leal y soberanía desde el derecho internacional y el modelo de la Declaración Universal de Derechos Humanos», en Real Instituto Elcano, disponible en https://www.realinstitutoelcano.org./documentode-trabajo/cuba-apuntes-para-el-debate-sobre-oposicion-leal-y-soberania-desde-elderecho-internacional-y-el-modelo-de-la-declaracion-universal-de-derechos-humanos/ 24 Rafael Hernández: «Consenso y discernimiento II», el 20 de enero de 2021, en OnCuba News, disponible en https://wwwoncubanews.com/opinion/columnas/con-todas-susletras/consenso-y-discernimiento-ii/

25   «La gota de agua» (tráiler), disponible en https://cubaenresumen.org/2021/08/atilio-boron-cuba-en-el-corazon-y-en-mi-cabeza/

26   Mauricio Vicent: «Debemos escuchar todas las voces, y mucho más las propias», en Segunda Cita, el 3 de agosto de 2021, disponible en https://segundacita.blogspot. com/2021/08/debemos-escuchar-todas-las-voces-y.html

27   Rafael Hernández: «Conflicto, consenso, crisis. Tres notas mínimas sobre las protestas», en OnCuba News, el 21 de julio de 2021, disponible en https://oncubanews.com/ opinion/columnas/con-todas-sus-letras/conflicto-consenso-crisis-tres-notas-minimassobre-las-protestas/

28   Mauricio Vicent: «La juventud cubana toma la palabra», en El País, 1 de agosto de 2021, disponible en https://www.elpais.com/internacional/2021-08-01/la-juventudcubana-toma-la-palabra.html

29   Emilio Santiago Muiño: «El estallido social cubano. Movilizaciones inmediatas I», en

Contexto y Acción, el 21 de agosto de 2021, disponible en https://ctxt.es/es/20210701/

Politica/36701/cuba-protestas-dualidad-monetaria-covid-html

30  Harold Bertot Triana y Julio César Guanche: «Voces Cubanas: Del socialismo de Estado a la República socialista. Entrevista con Juan Valdés Paz», en OnCuba News, el 10 de agosto de 2021, disponible en https:/oncubanews.com/voces-cubanas/voces-cubanasdel-socialismo-de-estado-a-la-republica-socialista

31 Emilio Santiago Muiño: «El estallido social cubano. Movilizaciones inmediatas I», en

Contexto y Acción, el 21 de agosto de 2021, disponible en https://ctxt.es/es/20210701/

Politica/36701/cuba-protestas-dualidad-monetaria-covid-html

32   Fidel Castro Ruz: «Esta revolución no la pueden destruir ellos pero sí nuestros defectos y nuestras desigualdades», en Julio César Guanche: El poder y el proyecto. Un debate sobre el presente y el futuro de la revolución en Cuba. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2009, pp. 25-114

33   Alina Bárbara López Hernández: «El Partido único ante la crisis», en Viento Sur, el 5 de agosto de 2021, disponible en https://vientosur.info/el-partido-unico-ante-la-crisis/ 34 Carlos Alzugaray: «El 11 de julio en Cuba: una reflexión tentativa», en Nueva Sociedad,

julio de 2021, disponible en https://www.nuso.orgarticulo/cuba-protestas/

35                                       Iván de la Nuez: «Cuba, de la Guerra Fría a la guerra cultural», en El País, el 30 de julio de 2021, disponible en https://elpais.com/babelia/2021-07-31/cuba-de-la-guerrafria-a-la-guerra-cultural.html

36                                       Pedro Monreal: disponible en https://twitter.com/pmmonreal/status/1417935142610423812 37 Iván de la Nuez: ob. cit.

38 Poll: Plurality says the US should not get involved following protests in Cuba, en The Hill, el 28 de julio de 2021, disponible en https://thehill.comhilltv/what-americasthinking/565038-poll-plurality-say-the-us-should-not-get-involved-following 39 Alfredo Prieto: «La administración Biden y Cuba», en OnCuba News, el 7 de agosto de 2021, disponible en https://oncubanews.com/cuba-ee-uu/la-administracion-bideny-cuba/

40 Carlos Alzugaray: «El 11J en Cuba y el papel de Estados Unidos: una contribución al debate», en OnCuba News, el 27 de julio de 2021, disponible en https://oncubanews.com/ cuba-ee-uu/el-11j-en-cuba-y-el-papel-de-estados-unidos-una-contribucion-al-debate 41 Carlos Alzugaray: ob. cit.

42 Blanca Castro: «Alexandria Ocasio-Cortez pide el fin del embargo a Cuba y condena la postura de Biden», en euronews el 16 de julio de 2021, disponible en https://es.euronews. com/2021/07/16/el-embargo-a-cuba-es-absurdamente-cruel-declara-la-congresistademocrata-ocasio-cortez

43 «Artistas e intelectuales piden a Biden finalizar bloqueo a Cuba», en Telesur, el 23 de julio de 2021, disponible en https://www.telesurtv.net/news/cuba-artistas-intelectualescarta-fin-bloqueo-eeuu-20210723-0002.html

44 Entrevista con el jurista cubano Harold Bertot: «Juicio sumario y el derecho a la defensa», en OnCuba News, el 26 de noviembre de 2020, disponible en https://oncubanews. com/cuba/juicio-sumario-y-el-derecho-a-la-defensa/

45 Yudy Castro Morales: «¿Cómo marchan los procesos penales tras los disturbios recientes?», en Granma, el 5 de agosto de 2021, disponible en https://www.granma.cu/ pensar-en-qr/2021-08-05/como-marchan-los-procesos-penales-tras-los-disturbiosrecientes-05-08-2021-00-08-28

46 Reynaldo Lastre: «El pueblo cubano: un antes y un después», en Hypermedia Magazine, el 4 de agosto de 2021, disponible en https://www.hypermediamagazine.com/ sociedad/pueblo-cubano-protestas/

47 Wilder Pérez Varona: «Unas palabras sobre la Cuba de los humildes», en Contexto y Acción, el 14 de julio de 2021: disponible en https://ctxt.es/es/20210701/Firmas/36651/ cuba-protestas-bloqueo-eeuu-castro-wilder-perez-varona-la-cosa.html

48   Alexander Hall Lujardo: «Descolonizar el socialismo en Cuba», en La Trinchera, el 30 de julio de 2021, disponible en https://www.trincheracuba.com/descolonizar-elsocialismo-en-cuba/

49 Silvio Rodríguez, en Mauricio Vicent: ob. cit.

La expresión es de Martin Luther King Jr. y remite a la «inclusión simbólica que consiste en hacer pequeñas ―y superficiales― concesiones a grupos minoritarios para evitar acusaciones de prejuicio y discriminación―. 

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